La necesidad de la creación de una especialidad en invernaderos se remonta al año 1998 cuando la Universidad inició investigaciones y desarrollos en dicha área. A la fecha, la Universidad ha visto el desarrollo de una industria pujante y que crece a ritmos muy acelerados. A nivel mundial se calcula un crecimiento anual del 25% en países desarrollados y en México según la Asociación Mexicana en Horticultura Protegida AC (AMHPAC, 2012) el crecimiento en la superficie de invernaderos en los últimos 10 años ha sido del 300%, ubicándolo dentro de los primeros cinco países con mayor superficie de invernaderos (15,000 Ha).  El principal cultivo es el tomate, el segundo es el pimiento, el siguiente pepino y el 60% de la producción es de exportación (SAGARPA, 2012).

En México, el 65% de la superficie de invernaderos se encuentra en cuatro estados de la Republica, siendo Sinaloa el primero con un 30%, Baja California (16%), Estado de  México (12%) y Jalisco (7%).  En cuanto al régimen de propiedad un poco más del 50% de la superficie son del sector privado, y el resto se encuentra en manos de organizaciones sociales que los han obtenido a través de apoyos gubernamentales. Una de las dificultades de dicha industria es el no contar con expertos en el ramo que apoyen sus instalaciones, es por ello que se observa una cantidad de extranjeros que llegan a instalarse como gerentes de producción en detrimento de la ocupación de mexicanos. Es por ello la necesidad no sólo de generar tecnología para esta industria sino a la vez la formación de cuadros especializados en esta área, que sean capaces de administrar instalaciones bajo invernadero, dar servicios de asesoría en los campos de producción, construcción, automatización y control de invernaderos.

La producción de cultivos bajo invernadero es una de las técnicas más modernas que se utilizan actualmente en la producción de alimentos. La ventaja del sistema de invernadero sobre el método tradicional a cielo abierto, es que, bajo invernadero, se establece una barrera entre el ambiente externo y el cultivo. Esta barrera permite un microclima que protege al cultivo del viento, lluvia, plagas, enfermedades, hierbas y animales. Igualmente, esta protección permite al agricultor controlar la temperatura, la cantidad de luz y aplicar efectivamente control químico y biológico para proteger el cultivo. Lo anterior nos permite intensificar la producción es decir, tener mayores rendimientos por área, además periodos más largos de producción, cultivar nuevas variedades, etc. Aunado a lo anterior, se hace un uso eficiente del agua, por ejemplo en una hectárea a cielo abierto de tomate se consumen 8,000 m3 de agua durante un ciclo de cultivo y se obtiene un total de 50 ton, es decir, 160 litros de agua//kg de tomate. Para obtener la misma producción solo se requiere de una superficie de 1,400 m2 de invernadero y con un consumo de 56 litros de agua/Kg de tomate, esto significa un 285% de menos agua.  (comunicación personal, 2012).

Coordinadora: Dra. Rosalía Virginia Ocampo Velázquez

rosov05@yahoo.com.mx

invernaderos@uaq.mx

Campus Amazcala, Facultad de Ingeniería, Carretera a Chichimequillas, El Marqués, Qro.  CP 76130.

Tel.  (442) 192 1200  ext. 6016